27 de agosto de 2014

Análisis Lifeless Planet

Quien le iba a decir al bueno de David Board que la idea que tanto le rondó por la cabeza gracias al furor de los “kickstarters” se iba a hacer realidad, ni más ni menos que su videojuego espacial con pinceladas de película de serie B, que fue aprobado con 17.236$ de los 8.500$ que pedía para financiarse y que el 24 de octubre de 2011 llegaría a su meta.

Finalmente,  tras prácticamente 3 años de producción, modelado y moldeado de todas sus ideas,  ve la luz su proyecto en junio de 2014 para Windows y unas semanas después para Mac (se prevé un posible lanzamiento para Xbox One) bajo su productora llamada Stage 2 Studios.

Llego el día y tendríamos entre nuestras manos un proyecto Indie que no irradiaba pixeles y minimalismo por todos los lados, siendo esta la tendencia de grandes juegos Indie que aún a día de hoy inundan nuestras bibliotecas de juegos digitales.

El argumento es muy típico en el mundo de la ciencia ficción, somos un astronauta americano que viaja a un planeta remoto en el que todo parece indicar que es posible la vida humana y viajamos para recopilar toda la información posible para posteriormente enviarla a la tierra, ya que no habrá momento de contarlo en persona puesto que es un viaje sin retorno debido a la cantidad de años luz de distancia que los separan.

Un motor gráfico aparentemente muy depurado y complejo que a medida que avanzamos en el juego nos damos cuenta que posee una serie de fallos que rompen en parte la seriedad que nos mostró al primer vistazo al juego, pero si pensamos que esta creado todo el complejo entramado gráfico por una sola persona creo que se debe ser justos y pasarlo por alto.



En el apartado sonoro es muy remarcable como nos mantiene en tensión a base de silencio. Un silencio que te da la sensación de estar en otro planeta y que se rompe para dar aún más tensión en momentos importantes de la trama con una banda sonora bien puesta al milímetro en el juego.



En cuanto a la jugabilidad nos encontramos, aunque a simple vista no lo parezca, en un plataformas de muchísimos saltos encadenados y algún puzzle aislado. Tenemos bastante libertad de movimiento ya que podremos ir y venir a nuestro antojo por las áreas delimitadas de la fase en las que nos encontremos siempre y cuando no avancemos en el sentido que marca la historia, ya que hay zonas “scriptadas” en las que de repente necesitaremos un tanque de oxígeno y misteriosamente tendremos que correr hasta un tanque cercano. No hay indicadores de oxígeno, salud,  ni nada por el estilo, porque no tenemos ningún tipo de interfaz  y eso ayuda muchísimo a estar más inmersos en la aventura, el camino a seguir está marcado sutilmente con unas marcas en el suelo muy bien implementadas en el juego ya que son parte de la historia del juego y no disponemos de ningún sistema GPS ni brújula.

Las “fases” están claramente diferenciadas por ambientaciones totalmente distintas unas de otras a las que vamos accediendo a medida que avanzamos en la historia y que traen consigo uno de los peores fallos en el juego, pasaremos de una ambientación desértica a una boscosa sin ningún tipo de animación previa y la primera idea que te viene a la cabeza es: “¿Cómo he llegado yo aquí?”.


Es de agradecer que todos los textos que nos encontremos en el camino estén en perfecto español ya que completaran una historia bastante bien ideada, tendremos voces tanto en inglés como en  ruso.

Para terminar con este texto interminable que acabo de colocaros os diré que es un juego corto (4-5 horas), intenso, fácil y que a lo mejor su precio base es algo elevado 19,99€ pero por unos 9,99€ está bien (ofertas de Steam).
Totalmente recomendable.